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Quiero mirarme en el espejo y que me guste lo que veo, Cuesta seis días por semana. Quiero que lleguen los domingos y no vuelva el miedo, Quiero tomármelo con calma.
-Vale la Pena - Paula Mattheus
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sábado, 7 de noviembre de 2015

¿Era tu luz?

Después de dos años de haberte conocido y uno de que todo se fuera a la mierda aún pienso en ti, y por desgracia, lloro echándote de menos.

Ha pasado tanto y sigue doliendo como el primer día. Estos tres días he estado leyendo un manga preciosísimo y muy triste. No es triste en sí, si no que a mi me ponía triste. Estaba lleno de historias y conflictos de amor, y eso me hacía añorar y recordar. Y al llegar a una de las páginas más bonito entendí por qué me había estado sintiendo así todo el rato.

Me recordaba a ti. A nosotros. Tú decías que yo te daba luz. Que yo era tu luz. Que me querías siempre a tu lado. Que me dabas la luna si te la pedía. ¿Alguna vez fue verdad algo de todo aquello?

Me enamoré a mentiras. Me enamoré de alguien que solo jugaba conmigo, y no es justo. Todas esas veces que yo te prometía que no te abandonaría las decía de verdad, y aún seguiría ahí, aún quiero seguir ahí, si no me hubieras echado.

Te quise todo lo que he querido jamás a alguien. Te quise hasta entregarte mi vida. Y tú solo jugaste conmigo. Con una niña acomplejada que te idolatraba. Me da miedo pensar hasta dónde habría pasado de no haber salido de esa mentira.

Pero te quise. Te amé. Y lo peor
es que aún te quiero.

Que los lobos protejan vuestros sueños.

K.

domingo, 22 de febrero de 2015

¿Cómo borrar una parte del pasado?

¿Cómo borrar una parte del pasado? ¿Cómo borrar aquello que te ha hecho daño, eso que aún te sigue dañando?

No se puede. No se puede borrar el pasado, no se puede olvidar lo ocurrido. Todo lo vivido es una enseñanza a tu espalda, una carga más en tu mochila. El pasado nos forja, de los errores se aprende. Pero también del pasado se sufre.

El pasado es pasado, es un lastre con el que tenemos que aprender a cargar, aprender a superar, a mirar con indiferencia, y a seguir. Pero hay cosas que soy incapaz de obviar. Cosas que me son imposibles de olvidar. Cosas que me siguen aún haciendo daño.

Fue un cabrón, un imbécil, y me hizo más daño del que jamás nadie me hizo. Me utilizó, me usó, fui su juguete, su perrillo faldero durante un año. Y yo como tonta le seguía. Estaba ciega. Ciega de amor, luego de cariño y amistad. Estaban tan ciega.

Pero ahora todo duele. Cada paso que dimos juntos, cada tarde charlando, ese maldito primer beso. Recuerdo y todo duele. Las cosas eran divertidas, lo pasábamos bien. También había enfados, por su parte siempre, y yo siempre la que sufría e intentaba solucionarlo. Pero estaba inmersa en la nube y de nada me daba cuenta. Cuando todo acabó prometí guardar solo lo bueno, olvidar el resto. Pero es imposible. Esa distinción no existe. Fui manipulada siempre, y me trataba como una mierda ocultándolo en buenas palabras. 

Me hizo creer en mi, me hizo pensarme alguien, para luego poder hundirme. Todo lo que pasamos juntos era un engaño. Siempre tiñendo de rosa la oscura realidad. Y yo no veía nada. 

Prometí acordarme de lo bueno, pero ahora veo que nada lo fue. Y no puedo olvidar todo un año. No puedo borrar el pasado. No puedo hacerlo, pero daría lo que fuese por conseguirlo.

Me sigo haciendo daño cada vez que me acuerdo, que le pienso, que le veo. Después de cinco malditos meses le he visto, y eso ha vuelto a desgarrar. Cosí mi corazón y mi alma con lágrimas y con ayuda de amigos y familia. Y ayer él lo rasgo entero.

Es el mayor gilipollas que haya conocido. Un idiota, un prepotente. Es una mala persona. Y sin embargo, aún yo soy la tonta que le echa de menos. Que se acuerda de las cosas. La que llora sola en su cuarto. 

Incluso después de que supuestamente todo hubiese acabado, él seguía ahí pinchando, jodiendo, tratando de hundirme en el fango. Espero que estés ya feliz, pues lo has conseguido. Lo conseguiste. Has dejado dentro de mi el dolor más grande que jamás pensé. 

Y ahora todo, todo, hace daño.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Madurez forzosa.

Ahora que, tan oportunamente, en el reproductor aleatorio del ordenador suena "El Síndrome de Peter Pan" (Porta, Reset) voy a escribir sobre madurar.

Y digo que es tan oportuno porque, después de llevar semanas sin escuchar esta canción, entre las más de 2300 canciones, esta noche, suena. Hoy, que justamente hablaba con un amigo de lo infantil y la madurez.

Una vez él y otros amigos se enfadaron conmigo por llamarles infantiles. Por tanto, cuando yo, no recuerdo la razón, he comentado algo sobre ser infantil me ha preguntado que qué me pasa a mi sobre ese término en concreto no me ha extrañado en absoluto.

'Hay que madurar' le he dicho, y su respuesta ha sido que no hay un porqué. Le he tratado de decir, que hay veces que aunque no quieres, las circunstancias externas, o el comportamiento de otras personas te lleva a ello de forma obligada.

Hemos hablado también de que ser maduro no quita no poder tomar un papel infantil, como es mi caso con mi comportamiento.

Pero, claramente la explicación de la obligación no le ha valido así de simple y ha querido saber más, y saber qué me ha hecho cambiar y madurar a mi. Mas, ¿qué contar cuando, por amigo que sea y por mucho que sepas que no va a decir nada, no quieres contarle?

El problema no es que lo vaya a pregonar o no, pues lo dudo. Si no que soy yo la que no quiere decir nada. Muy pocos saben de ello. Prácticamente nadie sabe toda la historia. Y los detalles nadie más que yo.

¿Cómo explicarlo entonces?
¿Sabéis, cuando a un/a niñ@ que aún no ha alcanzado la adolescencia si quiera, pierde a uno de sus progenitores? Esa niña es obligada por las circunstancias a madurar. A comprender antes que otros lo que es perder a un pilar de tu vida y tener que continuar.

Pues bien, mi caso quizá no sea tan extremo, pero tiene la misma base.

Cuando una persona en la que confiabas te engaña, te rompe, y eso te hace aprender una gran lección. Pero cuando descubres que hay una segunda persona que ha estado jugando contigo, utilizándote, y tratándote mal, hasta el punto de poder casi compararse con los casos de violencia en parejas, ya entonces te hundes.

Estamos cansados de oír y saber sobre casos de violencia de género, de niveles más altos o menos, en todo tipo de parejas sentimentales. Y en este caso, ni tan siquiera era ningún tipo de pareja. Pero el daño es el mismo.

Cuando has descubierto esto, y no sola, claro, con la ayuda y apoyo de tus mayores detrás para acogerte en tus brazos al llorar, esto te destroza por dentro. Te desgarra, y de una manera tan brusca, te hace darte cuenta de lo duro que es el mundo, del daño que pueden hacer las personas, hasta aquellas a las que más quieres, y eso, de pronto y sin previo aviso, acciona el botón de la madurez.

A partir de ese momento no ves las cosas igual. A partir de ahí empiezas a casi desconfiar de todo, y a exigir sin palabras que ganen tu confianza si la quieren.

Es un cambio brusco, y hasta que no sopla el viento no te das cuenta de ese pequeño cambio -o acercamiento- a la madurez. Pero miras atrás, miras tus pasos, te rodeas de otra gente, y te ves diferente. Les ves más niños, mientras tú, contra tu voluntad, has cambiado, has crecido, y has dejado parte de ese niño atrás.

Pero eso no quita que puedas jugar a ser esa niña. A tener tus berrinches fingidos, y a seguir con tu habitual 'jopetas' allí donde la situación lo admita. Sin embargo, sabes que has cambiado.


Que los lobos protejan vuestros sueños.
K.


Dibujo esquema infancia - madurez (autora: K.)