Frase

Frase del mes
Quiero mirarme en el espejo y que me guste lo que veo, Cuesta seis días por semana. Quiero que lleguen los domingos y no vuelva el miedo, Quiero tomármelo con calma.
-Vale la Pena - Paula Mattheus
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miércoles, 2 de diciembre de 2015

Hola - Agua - Tele - Spin

Hace mucho que no escribía nada y me apetecía hacer una de 4 palabras. Estas son las palabras que me ha dado Tarvi, que espero que se convierta en un buen físico porque la que me ha liado con el "spin" de las narices jajaja

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Todo empezó con una risa. No te conocía, no me dijiste hola, pero te vi ponerme esa cara tan graciosa al otro lado de la calle y estallé en carcajadas. Tú te acercaste y me diste un beso. "Lo siento, pero no podía irme sin besar esa sonrisa." Te diste la vuelta y marchaste dejándome en medio de una tormenta de sentimientos.

Al día siguiente volví, y al siguiente, y al siguiente. Aún no sabía tu nombre ni tú sabías el mío, pero todos los días depositabas ese beso en mis labios a la misma hora y nos íbamos por nuestro lado. A la semana empezó a llover, pero quería verte, quería ir a esa cita improvisada y esta vez estaba decidida a pedirte tu nombre. Durante el trayecto hasta "nuestro cachito" de calle temblaba, "¿y si no estabas?" pero al llegar olvidé la lluvia y me acerqué a ti. Un coche pasó durante nuestro esperado beso y el agua de un charco nos empapó. Me agarraste la mano y empezamos a correr detrás del coche gritándole y riendo.

Aquellos recuerdos son muy preciados. Fueron nuestros inicios y ya no nos separábamos. Tú eras mi spin y yo era el tuyo, pero, así como todo lo que sube baja, todo lo que empieza acaba. Nuestra electricidad se perdió. Ninguno de los dos tuvo la culpa. Tengo a mi familia y soy feliz, pero ahora, mientras observo desde la puerta a mi hija y a su novia acurrucadas en el sofá viendo la tele, las veo tan felices y enamoradas como nosotros lo fuimos, y me pregunto si tú alguna vez también te acuerdas de nosotros y sonríes.





Que los lobos protejan vuestros sueños.
K.


lunes, 27 de abril de 2015

Carne - Pesas - Ordenador - Chicle

Se sentó delante de ese plato de comida. Agh... Otra vez ternera. Últimamente odiaba todo tipo de carne. Desde que se había empeñado en perder peso no le apetecía comer absolutamente nada, y menos ese tipo de comidas que él veía como mera grasa, aunque en verdad no lo fuera. Ya estaba, había decidido que se haría vegetariano.

Terminó de comer lo poco que decidió probar y se fue directo al pequeño gimnasio que se había montado en su cuarto. Cogió las pesas lo primero e hizo cincuenta con cada brazo. Luego se puso a hacer flexiones hasta que se cansó y entonces se tiró en la silla delante del ordenador.

Se puso a jugar al LOL y a ver cosas estúpidas, y cuando le entró hambre por no haber comido suficiente se metió un chicle en la boca. Esa era su solución ante el hambre. Chicles. Y así, entre no comer y simular que comía con los chicles empezó a adelgazar peligrosamente.

domingo, 26 de abril de 2015

Boli - Agenda - Ventana - Gota

Este lo escribí hace mucho tiempo ya, pero aquí lo dejo.


Lancé el boli sobre la mesa. “¡Estoy harta!” Grité sola en mi habitación. De haber sido esta más grande, el eco me habría ahogado. Vi mi agenda sobre la mesa, llena de citas y encuentros a los que ya no acudiría.
Estaba cansada de todo. Harta de componer esas canciones. Era la hora de vivir mi vida.
Me asomé a la ventana y miré fuera. Era una noche fría, como las que a mí me gustaban. Me senté en el alfeizar con los talones desnudos pateando suavemente los ladrillos, y aspiré el aire. Una ráfaga heló mis pulmones. Aire puro.
En ese momento algo se congeló sobre mi mejilla. Una pequeña gota de agua. Sin embargo no llovía. No, las gotas no eran de eso. Otra gotita cayó mientras yo miraba a todas partes y a ninguna a la vez. Otra. Y otra. No tenía intención de impedirles caer al vacío o congelarse a medio camino. Ese era su camino. También éste era el mío.
Pronto, dejaron de caer.
Era la hora de vivir mi vida.
O quizás,
de no vivirla.


Que los lobos protejan vuestros sueños. 
K.

Relato #2

Lo primero que toco al acercarme a la puerta es el pomo. Un pomo frío expuesto a la intemperie/naturaleza. Lo giro tras meter la llave en la cerradura como tantas otras veces.

Abro la puerta y al entrar me encuentro de golpe con la misma realidad/soledad de todos los días. Un pasillo casi inexistente, sin paredes que lo delimiten, separando simplemente la cocina a mi izquierda, del salón a mano derecha. Unas largas, anchas y austeras escaleras de madera con una robusta barandilla se extiende ante mi con una curva a mitad de escalera. Esa escalera que conduce arriba, donde hay una segunda y tercera planta de agonía y desesperación.

A mi izquierda un día más está mi madre, fregando los platos como de costumbre. Unos platos que ya hace horas que dejaron de estar sucios. De espaldas ya se nota la angustia/tristeza con la que vive día a día.

Sin hacer ningún ruido y sin saludarle si quiera guardo mi abrigo viejo en el ropero, cuya luz dejé encendida por equivocación y que sin sorpresa alguna descubro que horas más tarde sigue igual.

Desde el salón se oye el oscuro sonido/llanto de esa televisión que tan frito me tiene. Películas una tras otra, historias/mentiras que no cuentan nada. Nada real. Nada de verdad. Salgo y me fijo al fin en mi padre. Un objeto más en esa estancia/sueño. Calvo, en albornoz, con su botella de medicinas, esa que todos sabemos que solo contiene alcohol/sufrimiento, pero que nadie dice nada.

Me siento en el sillón de al lado; ese sillón donde yo solía sentarme a jugar y a leer cuentos/sonrisas con mi padre. Ese hombre que ahora no tiene casi vida. Que solo se mueve del sofá al baño y viceversa.

Sin una palabra más recojo la maleta/esperanza que dejé antes de salir allí, en medio de la sala. La cojo, recupero mi abrigo, y salgo, para siempre, de esa fría, impoluta, y enorme casa, que tantos recuerdos me traía, que tantas cosas había vivido, en la que mi madre había decidido quedarse aun sufriendo tal desdicha.

Yo ya no podía hacer más por ella. Y allí les dejo, con angustia en la espalda, pero con libertad/futuro ante mi frente.

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El gris huele a soledad.
El rojo sabe como mentiras.
El marrón tiene tacto de socorro.
El amarillo suena a dolor.
En el verde se ven recuerdos.


Que los lobos protejan vuestros sueños.
K.

jueves, 26 de marzo de 2015

Cepillo y vaso.

Era la tercera vez que se enjuagaba la boca, y sin embargo, nada. Ahí seguía ese mismo sabor agrio y molesto. Ese que le recordaba lo que había hecho.

Resignada decidió volver a lavarse los dientes. Quizá así se conseguiría deshacer por fin de esa sensación. El mismo proceso que antes: coge cepillo de dientes, echa un poco de pasta, lo moja y a la boca. Una vez terminados de lavar, vaso, agua, enjuagar y escupir. Enjuagar y escupir. Enjuagar y escupir. Enjuagar y escupir...

Nada. Ni por esas... Ahí seguía esa acidez. Llena el vaso una vez más y bebe, de esta forma quizás se despeje la garganta. Pero el intento vuelve a tener un resultado fallido. Se mira en el espejo. Ya han pasado varios minutos, pero aún está roja. Aún tiene los ojos llorosos. Y tiene ese sabor asqueroso instalado en su garganta. Las manos las tiene ya limpias. Impolutas. Pero las mira y en ellas ve el recuerdo.

No es la primera vez. Ni la segunda. Y se había prometido no volverlo a hacer. Se lo prometió. Y lo consiguió durante semanas. Estaba orgullosa. Estaba... ¿curada? No. Nunca llegó a ser enfermedad. Era muy consciente de lo que hacía y de que eso estaba mal. Y no lo hacía todos los días. No había llegado a estar enferma... ¿verdad?

Pero tras semanas, había vuelto a flaquear. Y ahí estaba otra vez. Metida en el baño. Observando sus manos y el cepillo de dientes alternativamente. Un absoluto silencio a su alrededor pero retumbando aún en su cabeza el sonido de las arcadas y la cisterna al llenarse tras llevarse la prueba del error por las tuberías.



Que los lobos protejan vuestros sueños.
K.