Frase

Frase del mes
Quiero mirarme en el espejo y que me guste lo que veo, Cuesta seis días por semana. Quiero que lleguen los domingos y no vuelva el miedo, Quiero tomármelo con calma.
-Vale la Pena - Paula Mattheus
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lunes, 20 de enero de 2020

No víctima pero verdugo. Mi mayor error.

 ¿Has tenido alguna vez esa sensación de haber cometido el mayor error que puedes hacer en toda tu vida?  

Supongo que todos en algún momento de nuestra vida cometemos un error de consecuencias catastróficas, un error que te hace darte cuenta de las cosas y querer poner un fin. Por mi parte ese fin ha llegado. Siempre he sido de pensar mil veces las cosas antes de actuar, de mirar las mil probables consecuencias, y eso en muchos casos me llevaba a no actuar. Sin embargo, hace unos meses decidí cambiar. Decidí que no me gustaba a mi misma siendo así, así que probé a ser otra versión de mi. Una versión que no temía las consecuencias, que actúa por impulsos, sin preocuparse tanto de las cosas. Quizá se pueda decir que decidir ser la adolescente que en su día no fui. Y por un tiempo ha funcionado, me lo he pasado bien, he conocido a gente maravillosa, pero como todo, llega un momento en el que la acabo cagando. 

El sábado salimos de fiesta. Bebimos y yo me fui de las manos, perdí el sentido de todo y el alcohol anuló esos inhibidores que normalmente me frenan. La lié. Perdí el control y perdí de vista más que nunca esa visión de las consecuencias. 
Hice algo horrible, algo sin apenas darme cuenta, quizá impulsada por esos instintos y por el alcohol. Pero jamás debería haberlo hecho. Esa noche cometí cientos de errores y ahora los estoy sufriendo. 

Siempre he tenido muy claro que antes que cualquier sentimiento hacia un tío van las amigas. Me cuesta mil hacer amigas, no suelo llevarme bien con las chicas, y por fin había encontrado amigas nuevas, por fin me sentía cómoda entre otras chicas que no fueran Sati y Vi. Y pese a todo, la jodí. Para mi fue un juego, no fue nada, ni siquiera creo que lo hiciese con motivo sexual, pero ni por esas debería haberlo hecho. Y sí, el alcohol se me había subido, pero no es excusa, yo lo sé.

Daría mi vida por poder volver atrás, por poder cambiar aquello. Y sí estaba muy borracha, y no pensaba, no era consciente de las cosas, pero escuchar que a quien quieres que sea tu mejor amiga está molesta y enfadada contigo te trae de una bofetada a la realidad. 

No sé que hacer ahora. Hemos hablado, supuestamente vamos a dejar las cosas en stanby y quedar con todos y seguir a ver cómo fluyen las cosas, pero la he jodido. Y lo peor es que no es solo ella. Hasta llego a sentir que con ella en algún momento se solucione, y aunque siempre tenga ese horrible recuerdo de mi creo que podremos volver a ser amigas. El problema son todos los demás. Siento que T y S me desprecian por hacer daño a su "hermana". Con E todo era maravilloso, eramos amigos, quería ver si podríamos ser mejores amigos porque me encanta hablar con él, nos entendemos. Pero ahora esa amistad también ha retrocedido. Y por otro lado está H, él no entra en todo este lío, pero sí en el otro, y por cómo actué no sé cómo se siente él al respecto. 

La he cagado hasta el fondo. Pero ya no puedo volver atrás y de poder de verdad que lo hacía. Cambiaba todo de esa noche. 

Duele tanto estropear todo. Duele tanto joder las cosas y saber que eres la culpable, que no hay excusa válida porque no existe. Duele sentir que pierdes a las personas que has llegado a querer tantísimo en apenas 4 meses. 


No puedo cambiar lo que he hecho y pedir perdón no va a solucionar nada. No podemos poner una tirita, hay que esperar a que cicatrice, pero siempre quedará la marca como señal y recordatorio. 

Creo que volveré a cambiar, volveré a ser esa Karou que se encierra en sus pensamientos, que piensa mil y una veces las consecuencias, que no sale de casa más que lo necesario y que se aleja de todos. No quiero ser la víctima aquí, soy consciente de que no lo soy, soy el verdugo, la culpable, pero eso no significa que no esté terriblemente dolida y arrepentida. 

Solo puedo pedir perdón y decir lo mucho que los quiero a todos aunque no vuelvan a confiar en mí. 




Que los lobos protejan vuestros sueños. 









lunes, 19 de octubre de 2015

Lo peor, preocupar.

Lo peor de pasarlo mal es que encima tienes gente detrás que se preocupa. Gente a la que no quieres preocupar y a la que por tanto ocultas mil cosas, pero hasta eso te sale mal y no dejas de hacerles daño.

Sabes que hay gente que te mira y puede querer ayudar, pero esa gente a veces son solo conocidos, a veces hasta amigos, pero es gente a la que no puedes contar ciertas cosas. Gente con la que aunque en teoría puedes contar, a la hora de la verdad no, pues no llegan a ser personas de real confianza. Y lo son menos aún cuando cada uno de tus amigos, cada uno de esos "mejores amigos" que has ido teniendo, aquellos a los que confiabas tu vida y hasta te ponías delante del toro por ellos te han dado de lado. 

Cuando tienes una supuesta mejor amiga por la que has dado todo este verano y ella te ha ido dando pequeñas punzadas. Por la que te sientes fatal de haberla tirado al suelo aquél día en fiestas en que estaba borracha. Pero que ya ni si quiera en ella puedes confiar ni con ella quieres contar. 

Cuando curiosamente ni en tu mejor amigo desde hace 10 años puedes confiar para contarle ciertas cosas, y no porque no le quieras o no confíes en él, si no porque llega un momento que no quieres que absolutamente nadie a tu al rededor se preocupe, que nadie te mire. 

Detestas ser un cristal, detestas que te miren y sepan todo lo que pasa por tu cabeza y corazón, y sin embargo no lo puedes evitar. Intentas poner sonrisa de joker cuando entras en el coche tras el instituto, pero no dura y tus padres te ven y sufren. 

Y tú sufres por ellos, porque sufren por tu culpa. Y solo habría personas contadas, una, quizá dos, con las que cuentas pero ni siquiera a ellos les cuentas. Tienen sus cosas y aunque dicen que no les molestas, en el fondo sientes que no ven el problema que ves tú, y que tampoco puedes abrirles tu corazón y sentimientos como para llamarles en plena llorera y soltarles todo.

Estás sola. Hay mucha gente a tu alrededor. Muchos conocidos, amigos, familiares, pero a la hora de la verdad estás completamente sola. Sola ante una hoja de papel a veces, otras ante un teclado de ordenador. Pero siempre sola.

Sola, y sin ser capaz de pedir ayuda pues el principal problema reside en que ni tú sabes el problema. En que tu depresión y tu angustia ha llegado a tales niveles que ya no hay quien te saque de allí. Ni un psicólogo, ni un profesor, ni tus amigos, ni tus padres, ni siquiera tú misma. 

El ese momento solo puedes llorar, desear no existir y morirte. Desear estar sola y al tiempo tener a alguien que te consuele y entienda todo lo que pasa dentro de ti sin tener ni que expresarlo. Solo quieres abandonar. Dejarlo todo atrás. Absolutamente todo.

Que los lobos protejan vuestros sueños.
K.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Raro.

Es extremadamente raro cuando tu mejor amigo, esa persona que conoces desde hace 10 años, esa persona con la que has pasado más de la mitad de tu vida, la que te conoce más que un hermano, la que sabe cómo sacarte siempre una sonrisa, con la que discutes y peleas cosas estúpidas y luego pasa la mitad del tiempo en tu casa, la que soporta todos tus temperamentos y cambios repentinos de humor; un día te dice que le gusta una chica y que va bastante en serio. Y lo raro no es eso, si no que te diga que esa chica que tanto le gusta le recuerda a ti.

Eso es lo raro.

Y eso también me hace pensar algo que hace tiempo ya daba vueltas y alguien ya me comentó. Realmente yo no soy fea. No tengo buen cuerpo ni soy una belleza, pero soy una chica normalilla, del montón. El problema es que soy un poco rara a mi manera, y solo podría llegar a quererme una persona que haya vivido mis cambios. 

La persona que de verdad me entendiera y consiguiera querer tendría que ser alguien que me haya visto crecer y madurar. Que me haya conocido con gafas, braquets y algo más de 65 kilos con 10-12 años, y que ahora me vea ya sea con gafas o sin ellas pero me vea distinta, cambiada, mona, y con 8 kilos menos. 

Tendría que ser una persona que me haya visto saltando con amigas que luego me dieron una puñalada. Que me viera con mi mejor amiga y después viera cómo lloraba y se me rompía el corazón cuando ella se fue. Que me haya visto en mi época sin amigos y en la que los tenía a puñados. Alguien que entendiera porqué soy como soy. Porqué me afecta lo que me afecta. Alguien que consiguiera entender casi lo que ni yo entiendo.

Y precisamente por eso, porque nadie más que mi mejor amigo ha vivido todo eso, por eso, viviré sola y rodeadas de libros y gatos, huskies y hurones.

Que los lobos protejan vuestros sueños.
K.

sábado, 12 de septiembre de 2015

¿Quién soy?

El otro día Vi y yo estuvimos hablando y me acabó haciendo ciertas preguntas. Quién soy, qué es lo que quiero... Preguntas que lejos de saber contestar me ponen nerviosa. Ella quería que lo escribiera para hablar conmigo, para conocerme. Como si no hiciera eso las tantas veces que escribo aquí o en cualquier otro lado.

Últimamente han pasado demasiadas cosas, cosa extraña en mi vida, desde luego, pero hoy ya no puedo más.

¿Quién soy yo? No lo sé, no es algo que se pueda saber, soy una adolescente con las ideas confusas, que está a dos días de empezar su segundo de bachillerato científico y aún no sabe qué quiere hacer con su vida. Soy una niña en el fondo. Soy una niña que tiene miedo a todo. Miedo a equivocarse, a quedarse sola, a no gustar a los demás, a no gustarse a si misma. Ahora no soy nadie y soy yo al mismo tiempo. Soy un tránsito entre mi yo pequeña a lo que debo convertirme, a lo que seré yo realmente. Pero ahora no soy más que un manojo de nervios, confusiones, depresiones y ansiedad. No soy nadie más que una niña a la que todo le supera en cuanto algo se tuerce, una niña que por no ser capaz de quererse a si misma busca el cariño en los demás y por ello se pilla de un chico tras otro y luego nunca consigue nada. Soy una miedica que ya no solo tiene ataques de bulimia esporádicos, si no que también necesita de desahogo físico y pegar puñetazos hasta hacerse daño.

Por lo tanto, ¿quién soy? Ahora mismo esa pregunta engloba tanto que no tiene respuesta.

¿Y respecto a qué quiero? Quiero saber lo que quiero. Saber quién soy, saber quererme, aceptarme, ser FELIZ de verdad. Encontrar a alguien con quien estar. Quiero ser mayor pero no separarme de mis padres. Quiero volver a ser una niña. 

¿Y qué pienso hacer para conseguirlo? Sinceramente, no lo sé. Me siento perdida y sola la mayor parte del tiempo. Y me siento hundida y destrozada. Y sé que mis nervios no son normales, y que no puedo ponerme como me pongo. Pero creedme, esto no es algo que me guste, y ojalá hubiese una pastillita que arreglara todo.

Estoy a dos días de empezar las clases y de pronto todo me ha desbordado. La angustia, el estar sola, el que el chico que me gustaba y con el que por fin pensaba que podía haber un futuro, incluso en Alemania, haya fallado, el dormirme con una película de Harry Potter y despertarme, ver el final y saberme los diálogos. A veces son cosas así de absurdas las que desbordan mi tinaja. Y yo ya estoy muy cansada de llorar y sin embargo aquí sigo.

Ojalá algún día sepa quién soy, y ojalá todo se solucione. Solo espero que sea verdad eso de que los que peor lo pasan en los "primeros años" luego son los que tienen de las mejores vidas porque si no no sé hasta dónde puedo aguantar.


Que los lobos protejan vuestros sueños.
K.

lunes, 22 de junio de 2015

Sigo sin encajar.

"Pasan los años y yo sigo haciendo esto" Así dice una canción de unos amigos. "Pasan los días y yo cada vez más sola" digo yo.

Sigo con lo mismo que hace dos semanas, y es que nada cambia. Miento. Nada cambia para bien. Todo empeora.

A ellas ya no las soporto. Absolutamente en nada y para nada. Y a las únicas dos que sí, una no da señales de vida y a la otra la veo cada mil. Y eso hablamos de aquí, porque el resto viven en otras comunidades. Es decir, aquí no me queda nadie.

Y que me digan que no es así no lo hace menos cierto. Porque sí lo es.

Cuando dije que no encajaba en el grupo era por este tipo de cosas. Igual que se meten con U pueden hacerlo conmigo y no me hace gracia. Él es mi amigo y no voy a pasar por alto que se metan así con él.

Y vamos, ya el comentario de hoy ha sido la gota que ha colmado el vaso.
"-El otro día llamé a X con el culo sin querer.
-Pues a mi me llama porque sí."
GRACIAS. Gracias, monina, por hacer más obvio lo obvio. Gracias por hacer que me sienta peor. Hazme un favor, y no te acerques más a mi.

Nadie. Nadie tiene que acercarse. Es curioso lo imbécil que llega a ser el ser humano. Cuántas veces me habrá pasado esto, y aun así me empeño en buscar amigos. Cuando siempre, siempre acabo luego jodida y dolida. ¿Cuándo voy a aprender?

Y luego soy una puta borde, ¿no? Pues no, joder. No soy borde. Lo que pasa es que me siento sola, y estoy sola. Y cada vez que intento una pizca nunca se puede. Y no podéis haceros a la idea de lo que duele. Duele estar sola. Os lo prometo.

Y lo que me jode es que los necesito, que me prometieron que iban a estar ahí. Todos. Y ahora, una vez más, ¿quién queda?

Estoy cansada ya de luchar. Pasaré este verano sola. Con mi familia, con Vi y con los de Alo si es que me dejan, y se acabó. Y viajando a Madrid para  ver a mis Ikys. Porque es lo único que me queda.

"Estoy cansada. Harta de llorar. Pero ni tan siquiera me doy libertad a mi misma para rendirme. Pero me rompo. Y estoy harta. Yo lo que quiero es eso. Son ellos. Es salir con mis amigos. Con los Ángeles de Rami, con los Patinadores Profesionales, con los del Skate, daría lo que fuera por volver a salir con los Heisenberg. Con los Ikys. Mis Ikys, Sirenos serenos Vip o Sirenikys.
A ellos son a los que menos veo. Pero también los necesito. Necesito tardes como esa. Tardes en las que no haya ni un atisbo de pensamiento maligno. No tardes, si no días. Días en los que solo una sonrisa invada mi cara. Días en los que hagamos el imbécil y no haya ninguna preocupación aparte de la de que pierdan el juego por mi culpa cada cierto tiempo. 
Necesito a mis amigos. A todos. Ahora, son de las pocas cosas que me hacen tirar día a día y que consiguen hacerme reír. 
Amigos. Esos grandes sin los que estaría perdida."


 Es gracioso, pues no hace tanto que escribí eso y sin embargo, en unas cosas sigue siendo clavado y en otras, cómo ha cambiado todo. Aquellos con los que quería y necesitaba salir ya no están ahí. Ellos están, pero no yo con ellos. Y todo por estudiar y desaparecer del mapa. Tócate los cojones.


domingo, 14 de junio de 2015

Fuera de lugar.

¿Lo veis? Yo tenía razón. Allí no pintaba nada.

Sí, son mis amigos. Sí, es su cumpleaños, pero yo en ese grupo no pinto nada. Todos son amigos y tienen confianza. Todos salen. Todos se ven, todos son casi hermanos. Hasta las que son mis amigas de otro lado ya han entrado ahí. Yo soy la que se sienta al fondo del jardín en un sillón y de ahí no se mueve. Uno por no meterme al agua, y dos por no encajar.

Ahora podrán mascullar todo lo que quieran sobre que todos se han metido a la piscina y yo no. Que es injusto, que soy una insulsa y aburrida y lo que quieran. Pero a mi no me van a ver con bikini. No. Y punto.

Ella tiene forma de tapar sus problemas, se pone un pantaloncito y arreglado. Pero yo no. No y no. No me van a ver en bikini. Hasta que no cambie yo no. Y se burlan y hacen bromas con esta o aquella cuando están hechas un palillo, pero claro, no ven que a las demás nos puede llegar más a fondo.

Yo no he pedido ser como soy. No sé por qué mi cuerpo es como es si mi madre y mi padre con mi edad y mucha más eran unos fideos. No lo entiendo. Y volvería a vomitar pero me es imposible. No puedo después del susto de la regla. No, ya sé que no es eso, ya sé que era mero estrés, pero está esa vocecita de mi cabeza. Esa que me dice, que me recuerda, que no quiero que un día mi hija tenga que llegar a escuchar un "amor mio, tu madre fue bulímica". No, joder.

Cuando vi hace una semana que no me bajaba la regla y sumado al mal estar general y la depresión y todo me entró pánico. ¿Y si no me bajaba por eso? No tenía puto sentido, eso he oído que pasa cuando ya tienes una anorexia peligrosa, y yo no me acerco ni al borde del bajo peso, ni de lejos. Pero me acojoné. No podía dormir con la idea de quedarme estéril por eso. Yo quiero hijos, y míos, naturales. Me dio un no sé qué y me moría de miedo. Vi me dijo que solo era estrés, pero aun así me costó hacerme a la idea.

Lo único que me para es el instinto materno, es curioso. Pero no sé cuánto más durará eso otra vez. Se lo he prometido a Vi. Me lo he prometido a mi. Mis promesas siempre las cumplo y es algo de lo que estoy orgullosa. Pero ya tengo más que comprobado que las únicas que siempre fallo son las que me hago a mi misma. Y no sé por qué estoy segura de que volveré a caer.

Es horrible. No es algo gracioso, divertido o que me guste. Pero me siento tan impotente. Podría hacer todo el deporte del mundo, comer en menor cantidad, pero siempre siempre sigo igual. Ni la báscula baja, ni mi cuerpo cambia.

Y no es divertido ir a cumpleaños ni a cosas donde todas son guapas y delgadas. No. Porque te sientes la mierda allí. Cuando llevas tanto detrás sientes que todos se ríen de ti. Cuando estás enamorada de un chaval con novia, y la ves, y te ves, ¿qué pretendes?

Hay demasiada sinceridad en mis escritos aquí, pero es el único sitio donde me puedo desahogar. Es el único sitio que confío en que nadie lea, y que quien lo haga no diga nada. Aunque en el fondo chille un champú intentando que alguien oiga mis lloros y me saque de este agujero. Pero he llegado a tal punto, que sin un poco de magia nadie podría sacarme.

Solo me gustaría decir una última cosa: gracias. Gracias a todos aquellos que arruináis las vidas. La mía y muchas otras. Gracias a todos, por convertir nuestra existencia en un sufrimiento. Por minarnos la moral y la confianza cuando somos crías y críos. Por infectarnos. Por inyectarnos el veneno que cual cáncer crece solo hasta destruir y comernos enteros. Gracias, de veras, porque es un mal que ni a vosotros os desearía pasar.
K.

Que los lobos protejan vuestros sueños.



jueves, 28 de mayo de 2015

Valor.

La psicóloga, Vi, la fisio, profes... Todos absolutamente todos me dicen lo mismo y con palabras casi exactas. "Tienes que valorarte a ti misma, valorar lo que de verdad vales."

Debería empezar a hacerles caso e intentarlo más afondo.

lunes, 27 de abril de 2015

Todos igual.

Todos están con lo mismo... Vi está empeñada en que he adelgazado. Estos dos igual. Dice que cada vez que me ve estoy más delgada.
Y luego mi abuela me ha dicho al entrar que parecía un espantapájaros por el pelo rojo despeinado y las pintas, pero al ver que he comido poco cuando se ha ido ha empezado a decir que aunque iba de broma voy a ser un espantapájaros de verdad si no como.
Y dale... No hacen más que decirme lo mismo. El espejo quizá distorsione, aunque en verdad solo me muestra lo que de verdad hay, lo sé, no hace falta espejo. Pero lo que no engaña es la báscula. Si la báscula bajara les creería y entonces tendría que andarme con cuidado, pero no es así.
Es muy diferente ver un cuerpo con ropa y sin ella. La ropa engaña. Así que yo comeré lo que corresponda al hambre que tengo y ya está.


Que los lobos protejan vuestros sueños.
K.

domingo, 26 de abril de 2015

Incredulidad.

Rompecetros dice que debo confiar más en mi misma. Él piensa que tengo a todos locos. Yo no creo que sea así, pero esa incredulidad es también causa de esa falta de confianza.

No sé, me es muy complicado todo esto. Yo nunca he gustado. Yo siempre he sido la bicho raro, la tonel y tapón del grupo. La fea y simpática en la que nadie se fija. Ahora de pronto "parece" que las cosas cambian. Ellos empiezan a verme, pero ¿y si no es cierto? ¿Y si solo son imaginaciones mías? Ha sido Rompecetros el que ha opinado que los tengo locos, pero claro, él opina sobre lo que yo le cuento, y si yo le cuento lo que yo veo ya todo cambia, es mi punto de vista, no el real quizá.

En cualquier caso sigo siendo incapaz de verme quitándole la novia a alguien. ¿Dejarla a ella por mi? Simplemente imposible. Ella tiene todo lo que yo no tengo. Y encima ella me cae bien. Y él es más mayor. Y yo no sé qué hacer ni opinar...

Quizá todo esto no signifique nada. Castañita dijo que le veía cariñoso con todas, y sí es cierto pero... no le he visto con otras como conmigo. Es una complicidad extraña... No sé... todo es tan difícil... Si confiara más en mi sería más sencillo, pero no sé cómo...


Que los lobos protejan vuestros sueños.
K.

domingo, 19 de abril de 2015

¿Qué voy a hacer?

Pero, ¿por qué? ¿Por qué no hago más que caer una y otra vez en lo mismo?

Siempre digo que estoy harta de llorar, y lo estoy. Y no puedo más. Y ya no sé que hacer. Y se me echa absolutamente todo encima.

Clases, notas, academia, actividades, mi propio físico, mi salud, todo. Todo. Todo... y ya no sé cómo mantenerme en pie. Hay gente que lo pasa peor que yo, pero yo no puedo. Yo no soy fuerte. He llegado a una situación de la que no puedo escapar.

Y me queda nada por rendirme, pero soy una cobarde hasta para eso.

Y lo único que me relaja, que me abstrae de mis problemas es salir a la calle con mis amigo, con Aitor, que hace lo que sea por verme sonreír. Pero ¿qué voy a hacer? No puedo tirarme la vida en la calle. Hay que estudiar. Por mucho que me fastidie, hay que estudiar. Pero es automático. Me siento en la silla ante la mesa y los deberes, y me echo a llorar.

Ni la psicóloga ni ver mis notas pasadas ni nada me consigue sacar de esto. Y yo ya no sé qué hacer. Ahora mismo, llorar es lo único que sé hacer.

Que los lobos protejan vuestros sueños.
K.

lunes, 23 de marzo de 2015

Qué rápido todo.

Cómo cambian las cosas de un día a otro a veces, ¿no? Un sábado cualquiera estás hablando con un amigo y lloriqueando que no te quiere nadie y ese mismo lunes llegas diciéndole que tienes novio.

Qué rápido ocurre a veces todo. Cuán raro se siente uno al comprobar lo que ven otros desde fuera.

"-Estás despeinada. -¡No es cierto! -¿A que sí? -Lo que está es enamorada". 
¿Enamorada? Yo no lo creo... aún es muy pronto para ello. Solo me he enamorado una vez y más me valía no haberlo hecho. Quizá por eso me de tanto reparo enamorarme, quizá solo sea verdad lo de que nos enamoramos solo dos veces en la vida. Quizá todo sean gilipolleces. Lo que sí estoy segura es que aún no estoy enamorada. Aún. Para eso tiene que pasar el tiempo, tenemos que avanzar, que conocer.

No creo estar enamorada, aunque lo mismo me equivoco, pero lo que sí sé es que, a día de hoy le quiero. A día de hoy, y de ayer, y de antes de ayer. Incluso quizá el día que él me lo dijo a mi. Pero entonces aún ni salíamos y no respondí.

Yo me asusté. No sabía a dónde llevaría aquello y un te quiero me pareció tan precipitado... Tenía miedo. Estaba asustada. Sabía que yo iba a caer en sus brazos al final, me conozco, y más si le decía te quiero. Por eso no lo hice. ¿Y si él luego no quería nada más? ¿En qué posición me dejaba, nos dejaba eso?

Pero ya no tengo miedo. Ahora sí sé que no fue una mera palabra. 
Ahora yo sé que le quiero. 


Que los lobos protejan vuestros sueños.
K.

domingo, 22 de febrero de 2015

¿Cómo borrar una parte del pasado?

¿Cómo borrar una parte del pasado? ¿Cómo borrar aquello que te ha hecho daño, eso que aún te sigue dañando?

No se puede. No se puede borrar el pasado, no se puede olvidar lo ocurrido. Todo lo vivido es una enseñanza a tu espalda, una carga más en tu mochila. El pasado nos forja, de los errores se aprende. Pero también del pasado se sufre.

El pasado es pasado, es un lastre con el que tenemos que aprender a cargar, aprender a superar, a mirar con indiferencia, y a seguir. Pero hay cosas que soy incapaz de obviar. Cosas que me son imposibles de olvidar. Cosas que me siguen aún haciendo daño.

Fue un cabrón, un imbécil, y me hizo más daño del que jamás nadie me hizo. Me utilizó, me usó, fui su juguete, su perrillo faldero durante un año. Y yo como tonta le seguía. Estaba ciega. Ciega de amor, luego de cariño y amistad. Estaban tan ciega.

Pero ahora todo duele. Cada paso que dimos juntos, cada tarde charlando, ese maldito primer beso. Recuerdo y todo duele. Las cosas eran divertidas, lo pasábamos bien. También había enfados, por su parte siempre, y yo siempre la que sufría e intentaba solucionarlo. Pero estaba inmersa en la nube y de nada me daba cuenta. Cuando todo acabó prometí guardar solo lo bueno, olvidar el resto. Pero es imposible. Esa distinción no existe. Fui manipulada siempre, y me trataba como una mierda ocultándolo en buenas palabras. 

Me hizo creer en mi, me hizo pensarme alguien, para luego poder hundirme. Todo lo que pasamos juntos era un engaño. Siempre tiñendo de rosa la oscura realidad. Y yo no veía nada. 

Prometí acordarme de lo bueno, pero ahora veo que nada lo fue. Y no puedo olvidar todo un año. No puedo borrar el pasado. No puedo hacerlo, pero daría lo que fuese por conseguirlo.

Me sigo haciendo daño cada vez que me acuerdo, que le pienso, que le veo. Después de cinco malditos meses le he visto, y eso ha vuelto a desgarrar. Cosí mi corazón y mi alma con lágrimas y con ayuda de amigos y familia. Y ayer él lo rasgo entero.

Es el mayor gilipollas que haya conocido. Un idiota, un prepotente. Es una mala persona. Y sin embargo, aún yo soy la tonta que le echa de menos. Que se acuerda de las cosas. La que llora sola en su cuarto. 

Incluso después de que supuestamente todo hubiese acabado, él seguía ahí pinchando, jodiendo, tratando de hundirme en el fango. Espero que estés ya feliz, pues lo has conseguido. Lo conseguiste. Has dejado dentro de mi el dolor más grande que jamás pensé. 

Y ahora todo, todo, hace daño.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Madurez forzosa.

Ahora que, tan oportunamente, en el reproductor aleatorio del ordenador suena "El Síndrome de Peter Pan" (Porta, Reset) voy a escribir sobre madurar.

Y digo que es tan oportuno porque, después de llevar semanas sin escuchar esta canción, entre las más de 2300 canciones, esta noche, suena. Hoy, que justamente hablaba con un amigo de lo infantil y la madurez.

Una vez él y otros amigos se enfadaron conmigo por llamarles infantiles. Por tanto, cuando yo, no recuerdo la razón, he comentado algo sobre ser infantil me ha preguntado que qué me pasa a mi sobre ese término en concreto no me ha extrañado en absoluto.

'Hay que madurar' le he dicho, y su respuesta ha sido que no hay un porqué. Le he tratado de decir, que hay veces que aunque no quieres, las circunstancias externas, o el comportamiento de otras personas te lleva a ello de forma obligada.

Hemos hablado también de que ser maduro no quita no poder tomar un papel infantil, como es mi caso con mi comportamiento.

Pero, claramente la explicación de la obligación no le ha valido así de simple y ha querido saber más, y saber qué me ha hecho cambiar y madurar a mi. Mas, ¿qué contar cuando, por amigo que sea y por mucho que sepas que no va a decir nada, no quieres contarle?

El problema no es que lo vaya a pregonar o no, pues lo dudo. Si no que soy yo la que no quiere decir nada. Muy pocos saben de ello. Prácticamente nadie sabe toda la historia. Y los detalles nadie más que yo.

¿Cómo explicarlo entonces?
¿Sabéis, cuando a un/a niñ@ que aún no ha alcanzado la adolescencia si quiera, pierde a uno de sus progenitores? Esa niña es obligada por las circunstancias a madurar. A comprender antes que otros lo que es perder a un pilar de tu vida y tener que continuar.

Pues bien, mi caso quizá no sea tan extremo, pero tiene la misma base.

Cuando una persona en la que confiabas te engaña, te rompe, y eso te hace aprender una gran lección. Pero cuando descubres que hay una segunda persona que ha estado jugando contigo, utilizándote, y tratándote mal, hasta el punto de poder casi compararse con los casos de violencia en parejas, ya entonces te hundes.

Estamos cansados de oír y saber sobre casos de violencia de género, de niveles más altos o menos, en todo tipo de parejas sentimentales. Y en este caso, ni tan siquiera era ningún tipo de pareja. Pero el daño es el mismo.

Cuando has descubierto esto, y no sola, claro, con la ayuda y apoyo de tus mayores detrás para acogerte en tus brazos al llorar, esto te destroza por dentro. Te desgarra, y de una manera tan brusca, te hace darte cuenta de lo duro que es el mundo, del daño que pueden hacer las personas, hasta aquellas a las que más quieres, y eso, de pronto y sin previo aviso, acciona el botón de la madurez.

A partir de ese momento no ves las cosas igual. A partir de ahí empiezas a casi desconfiar de todo, y a exigir sin palabras que ganen tu confianza si la quieren.

Es un cambio brusco, y hasta que no sopla el viento no te das cuenta de ese pequeño cambio -o acercamiento- a la madurez. Pero miras atrás, miras tus pasos, te rodeas de otra gente, y te ves diferente. Les ves más niños, mientras tú, contra tu voluntad, has cambiado, has crecido, y has dejado parte de ese niño atrás.

Pero eso no quita que puedas jugar a ser esa niña. A tener tus berrinches fingidos, y a seguir con tu habitual 'jopetas' allí donde la situación lo admita. Sin embargo, sabes que has cambiado.


Que los lobos protejan vuestros sueños.
K.


Dibujo esquema infancia - madurez (autora: K.)